El Tratado Global de los Océanos i Dorian

Acabada la Tercera reunión intergubernamental para consensuar el texto del llamado Tratado Global de los Océanos. Greenpeace critica la postura laxa de muchos estados ante la emergencia climática y la pérdida sin precedentes de biodiversidad marina. ¿Qué es el Tratado?¿Cuál es la postura de las naciones? ¿Qué reclaman los ecologistas? ¿De qué nos alertan los científicos? ¿Cuáles son las amenazas medio ambientales y sus consecuencias?

Dorian, el huracán que golpea con una furia sin precedentes el Caribe, ha devastado las Bahamas y amenaza las costas de Florida, Georgia y las Carolinas en Estados Unidos, bien pudiera ser la némesis de los océanos a la postura laxa que los estados han mostrado en la tercera reunión Intergubernamental de la ONU para avanzar en el llamado Tratado Global de los Océanos. Némesis, hija de Océano según Pausanias, es la diosa griega de la justicia retributiva, la venganza, el equilibrio, la solidaridad y la fortuna. Castigaba la desmesura y a aquellos mortales que osaban trastocar el equilibrio universal a través de sus actos, fuesen buenos o malos. Era la encargada de impartir el justo castigo por los delitos cometidos y por la soberbia humana. El océano puede ser el aliado más sólido de la vida en el planeta, pero puede convertirse en nuestro más cruel enemigo. El planeta seguirá con o sin nosotros. Lo que está en juego es nuestra supervivencia y la de millones de especies de seres vivos que pueblan el planeta.

 Huracà Dorian

Tratado de los Océanos

Desde el 19 al 30 de agosto se han reunido en la sede de Naciones Unidas en New York representantes de 193 países con el objetivo de elaborar el llamado Tratado Global de los Océanos.  Un instrumento internacional, jurídicamente vinculante, en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS),  sobre la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina en zonas situadas fuera de jurisdicciones nacionales, conocida como "BBNJ". Esta es la tercera de las reuniones.  La cuarta y última reunión tendrá lugar en la primera mitad de 2020, y tendrá que cerrarse con un texto jurídicamente vinculante que regule las aguas internacionales, que suponen más de dos tercios del total de los océanos y que ayudaría a proteger al menos el 30% de los mares para 2030. 

 Sede de Naciones Unidas en New York. 2019. Foto Greenpeace

Durante esta tercera sesión, los participantes han discutido artículo por artículo el proyecto de texto del Tratado. Entre las cuestiones que se discuten en las negociaciones figuran los mecanismos de gestión basados en zonas geográficas, entre los que se incluye el establecimiento de áreas de protección marina como las que existen en aguas territoriales de muchos Estados;  la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional; los recursos genéticos marinos, incluidas las cuestiones relativas a la participación en los beneficios; las evaluaciones del impacto ambiental y la creación de capacidad y la transferencia de tecnología marina. 

Una oportunidad histórica y urgente

Para la comunidad científica se trata de “la última oportunidad para los océanos” y el Tratado una oportunidad histórica para lograr un compromiso ambicioso para regular las “aguas libres”, las situadas a más de 200 millas náuticas de la costa de los países ribereños. Más de 30 años después de la adopción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1982, es evidente que muchas de sus ambiciosos objetivos no se han podido cumplir debido tanto a las amplias lagunas legales de la Convención, como de los constantes incumplimientos, especialmente en lo que se refiere a la protección y preservación del medio marino y la conservación de la biodiversidad en zonas fuera de la jurisdicción nacional (ZFJN).

Tanto los ecologistas de Greenpeace como la comunidad científica, han presionado  debido a la urgencia de adoptar medidas ambiciosas en un momento en el que las amenazas en nuestros mares y océanos son cada vez más preocupantes y la vida marina corre más peligro que nunca. La contaminación, y en particular la contaminación por plásticos y microplásticos, el cambio climático, la sobreexplotación intensiva de recursos pesqueros, las prospecciones en busca de petróleo o gas y las nuevas tecnologías que abren la puerta a la minería en el fondo marino, están llevando a los océanos al colapso. 

  

El actor Javier Bardem y el hermano Carlos Bardem a bordo del santuario del Océano Antártico -Greenpeace expedición Antártida. 2019

Problemas que habrá que solucionar si queremos acercarnos al cumplimiento del Objetivo 14 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por la ONU para la Agenda 2030 para un nuevo marco mundial de desarrollo: “Los océanos del mundo, su temperatura, composición química, corrientes y vida son el motor de los sistemas globales que hacen que la Tierra sea un lugar habitable para los seres humanos. La forma en que gestionamos este recurso vital es fundamental para la humanidad y para contrarrestar los efectos del cambio climático…. Mejorar la conservación y el uso sostenible de los recursos oceánicos a través del derecho internacional también ayudará a mitigar algunos de los retos que enfrentan los océanos.”

Poca voluntad política

Greenpeace, que ha luchado por este tratado histórico durante muchos años con grandes campañas y estudios científicos, lamenta que en esta ronda de negociaciones los gobiernos no hayan manifestado la voluntad política suficiente para garantizar que se pueda adoptar un tratado en la sesión de negociación final programada para el primer semestre de 2020. “Es muy decepcionante ver que el ritmo y la ambición presentes en esta reunión no coinciden con el nivel de urgencia necesario para salvar nuestros océanos y proteger nuestro planeta contra la emergencia climática y la pérdida masiva de biodiversidad que afrontamos”, declaró  la doctora Sandra Schoettner de Greenpeace. “La falta de voluntad política en estas negociaciones es alarmante, ya que algunos países claramente todavía favorecen la explotación de los recursos marinos sobre su protección. Mantener las cosas como están no va a salvar nuestros océanos o, en última instancia, a la humanidad”.

Según la ONG, algunos gobiernos como Estados Unidos, Noruega, Australia, Japón, Canadá, Nueva Zelanda y Ecuador, parecen estar a favor de un tratado diluido que no ofrecería la red de santuarios oceánicos que la ciencia y los ecologistas demandan para que la protección sea efectiva. A la organización ecologista le preocupa la postura de Estados Unidos, que bajo la Administración de Donald Trump, ha levantado en sus propias aguas limitaciones medioambientales establecidas por Gobiernos anteriores. También preocupa a Greenpeace el papel de China, anfitriona de la próxima Cumbre de Biodiversidad (CoP15) y donde se establecerán los objetivos de biodiversidad posteriores a 2020, que debe mostrar más ambición para estar a la vanguardia de la protección de la biodiversidad. 

Otros países como Rusia, Islandia y Corea han dirigido sus esfuerzos a retrasar las negociaciones. Sin embargo, muchos otros países ya han manifestado su apoyo a un tratado fuerte y han destacado su intención de lograr un acuerdo ambicioso. Países de África, el Pacífico, América Latina, como Costa Rica, y Europa, por ejemplo, han acordado que el Tratado de los Océanos debe permitir explícitamente la creación de áreas protegidas internacionalmente. Aunque a los ecologista les resulta frustrante ver como las propuestas de la Unión Europea son insuficientes y no representan un cambio real. 

 Javier Barden en New York 2019. Foto: Greenpeace

España no ha mostrado un apoyo decidido y, en opinión de Greenpeace, debería unirse a los países que piden la protección de al menos el 30% de los océanos para 2030.  El futuro convenio es particularmente importante para España, que es el segundo país de la UE en aguas marinas, sólo por detrás de Portugal, y que alberga la mayor biodiversidad marina de Europa, ya que está en tres regiones biogeográficas con unas características muy diferenciadas: mediterránea, atlántica y macaronésica. España, con una rica tradición marina y pesquera,  ya cumple con el objetivo del Convenio de Biodiversidad Biológica de proteger al menos el 10% de las aguas marinas, habiendo superado ya la cifra del 12% con la aprobación del área marina protegida del Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo, según el Ministerio para la Transición Ecológica.

Sin los océanos la vida en la tierra sería imposible. 

Los océanos son el hábitat más grande de la tierra, la mayor fuente de alimento para animales y humanos, y desempeñan un papel fundamental para el bienestar humano y el desarrollo económico y social a escala mundial. Sin embargo, en la actualidad, las aguas internacionales de nuestros mares más allá de las fronteras nacionales, el 70% de la superficie terrestre, más extensa que todos los continentes juntos, están completamente desprotegidas. El océano contiene casi 200.000 especies identificadas, pero las cifras reales pueden ser millones, ya que su gran inmensidad apenas está explorada. A pesar de ello, sólo alrededor del 1% de los océanos mundiales está debidamente protegido (Áreas Marinas Protegidas-AMP).

Por ello, Greenpeace reivindica la necesidad de una red completa de santuarios marinos con medidas de protección efectivas en todos los mares del mundo y sólo un acuerdo ambicioso por encima de los intereses comerciales  lo podría hacer posible. No existe en la actualidad un instrumento legal efectivo que permita la creación de santuarios oceánicos, áreas fuera del alcance de actividades humanas dañinas, en aguas internacionales. 

 Anfípodos en el mar de los Sargazos. Foto: Greenpeace

Los Océanos al borde del colapso

Los cambios destructivos que están en curso pueden hacer terminar con las reservas de peces, multiplicar por mil los daños causados por los ciclones y dejar sin techo a cientos de millones de personas por la subida del nivel del mar, según el reciente "informe especial" sobre océanos y zonas heladas del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, que será discutido por los gobiernos el 25 de septiembre en Mónaco.

Estas amenazas que soportan los océanos son de origen antrópico y vienen de tierra firme. Según un reciente estudio del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) en casi el 60% del océano, los impactos acumulativos están aumentando significativamente y, en muchos lugares, a un ritmo que parece estar acelerándose. "Eso crea aún más urgencia para resolver estos problemas", según Ben Halpern, director de NCEAS y profesor de la Escuela Bren de Ciencias y Gestión Ambiental de la Universidad de California en Santa Bárbara. ¿Cuáles son estas amenazas?

Entre las presiones que sufre el medio marino en la actualidad figuran los daños causados a los hábitats y los ecosistemas, el calentamiento de las aguas provocado por el cambio climático, la persistencia de sustancias peligrosas en los sedimentos y las masas de agua, la degradación de las barreras de coral, las especies invasoras, la contaminación y la eutrofización, el tráfico marítimo, así como la explotación de las materias primas y la sobreexplotación de las especies marinas, la acidificación, la degradación y urbanización de las costa y la nueva amenaza de la minería en aguas profundas.

El cambio climático

Los océanos son nuestros mejores aliados contra el cambio climático. Absorben la cuarta parte de las emisiones de CO2, así como más del 90% del calor adicional que han generado las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1970. Sin esta esponja marina, el calor en la Tierra ya sería insoportable para las especies. Pero esos mismos océanos, que contribuyeron a la evolución del ser humano, acabarán aportando miseria a escala global si no se reduce la contaminación de CO2 (dióxido de carbono) que está dañando el entorno marino, según el citado informe del IPCC. 

Pero el exceso de CO2 provocado por el hombre, advierte el Panel Expertos la ONU, tiene un costo: la acidificación, que está alterando la cadena de alimentación de los océanos, y las olas de calor marinas, que están creando vastas zonas muertas. Se ha registrado un 26% de aumento en la acidificación de los mares desde el inicio de la revolución industrial. La acidificación de los océanos, producida por la disminución del pH debida a la absorción de CO2, reduce la disponibilidad de carbonato, que es fundamental para los organismos calcificantes, como las barreras de coral, los mejillones y el plancton, y también afecta a las moléculas y a los procesos biológicos, provocando daños a todo el ecosistema marino.

Pero además, los océanos absorben el 25 % de las emisiones de carbono que producimos y redistribuyen el calor por todo el planeta. El calentamiento de los océanos representa aproximadamente el 93 % del calentamiento de la Tierra durante las últimas seis décadas, y todas las proyecciones de temperatura oceánica de las que se dispone sugieren que el océano seguirá calentándose. El calentamiento global tiene como consecuencia el derretimiento de los glaciares y el aumento en el nivel del mar. Los científicos calculan, que de seguir así, el nivel del mar podría superar más de cien veces los niveles actuales hacia finales del siglo XXI. Además, alertaron los especialistas, la superficie del permafrost, la capa de suelo permanentemente congelado, del hemisferio norte podría derretirse entre el 30% y 99% y registrar una explosión de emisiones de CO2 y metano, acelerando más el calentamiento global. 

 Voluntarios de Acció Ecologista AGRÓ, estudiando la posidonia en Almardá

Esos cambios en los océanos, provocados por la contaminación, dejan a los seres humanos sumamente desprotegidos. Los hábitats costeros como manglares, arrecifes de coral y pastos marinos se encuentran entre los ecosistemas más afectados. Según el IPCC, incluso si se dieran los escenarios más optimistas de reducción de emisiones, en 2050 muchas megaciudades situadas a poca altitud y pequeñas islas-naciones experimentarán "eventos extremos" anuales relacionados con el nivel del mar, los daños anuales provocados por las inundaciones se multiplicarán, en escala, de 100 a 1.000. Si no se reduce la contaminación de CO2, dice el informe del IPCC, los océanos no solo representarán un enorme peligro para las pequeñas islas-naciones y para las comunidades costeras, sino que también tendrán un impacto significativo en las mayores economías mundiales.

Las mayores naciones contaminantes son precisamente las menos comprometidas. China emitió en 2017 alrededor de 29% del total mundial. Si las emisiones continúan aumentando al ritmo actual, Shanghai podría enfrentarse a subidas del nivel del mar de 2,6 milímetros anuales durante este siglo. Estados Unidos, históricamente el país más emisor, cuenta con grandes metrópolis costeras y es particularmente vulnerable a la subida del nivel del mar y a fenómenos extremos recurrente como Dorian. Sin embargo, el presidente Donald Trump quiere sacar a su país del Acuerdo de París y ha hecho trizas, como ya hemos dicho, las políticas climáticas de su antecesor, Barack Obama. Según el informe del IPCC, el aumento de 1,2 metros del nivel del mar en un siglo podría quintuplicar las áreas afectadas por inundaciones en la costa este. Y, según algunos científicos,  Nueva York podría experimentar inundaciones de 2,25 metros una vez cada cinco años entre 2030-2045. La costa este, en tanto, ya ha sido golpeada por varios ciclones devastadores entre 2005 y 2012.

La semana pasada, el gobierno indonésico anunció el traslado de su capital Yakarta, que se hunde, a la isla de Borneo, una zona de mínimo riesgo de desastres naturales que afectan con frecuencia a otras islas del archipiélago como tsunamis, terremotos y erupciones volcánicas.

La basura marina

La basura marina es otra gran amenaza para los océanos, un problema mundial que afecta a todos los océanos. Cada año, millones y millones de toneladas de basura terminan en los océanos, lo que plantea problemas en términos medioambientales, económicos y sanitarios. La basura marina procede de diversas fuentes terrestres como ríos o escorrentías de aguas superficiales, desechos de barcos y artes de pesca perdidas o desechadas. 

Plásticos y microplásticos.

Entre la basura marina que más preocupa en la actualidad están los plásticos y especialmente los microplásticos, ya que debido a su reducido tamaño resultan accesibles para una amplia variedad de organismos (aves marinas, peces, mejillones, arenícolas marinas y zooplancton). Alrededor de ocho millones de toneladas de plástico llegan a nuestros océanos cada año, convirtiéndolos en el vertedero de basura más grande del planeta, provocando graves daños medioambientales y económicos, en particular en las comunidades costeras, el turismo, el transporte marítimo y la pesca. El plástico es una de las mayores amenazas y causa de muerte para la fauna marina bien sea por asfixia, enredo o intoxicación. 


Los plásticos de un solo uso plantean un problema particular. Representan, por ejemplo, alrededor del 50% de toda la basura marina en las playas europeas. Los microplásticos, partículas de menos de  5 mm de diámetro producidas por la degradación del plástico, y los nanoplásticos, que son invisibles a simple vista, penetran en las membranas y núcleos celulares de los animales marinos pequeños, entrando así en la cadena alimentaria desde su fuente primaria. 

Según datos de la Unión Europea, la cantidad acumulada de residuos habrá multiplicado por diez la cantidad total de plástico vertida al mar en 2020. Si sigue el nivel de producción de plásticos y el mal uso que hacemos de ellos, se habrán acumulado casi 33.000 millones de toneladas de plástico en 2050, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), 

Un equipo científico de Greenpeace ha descubierto elevadas concentraciones de microplásticos durante la expedición que ha llevado a cabo en el mar de los Sargazos, en el Triángulo de las Bermudas, un hábitat crítico para las crías de tortugas y otras especies marinas. En una de las muestras tomadas, el equipo encontró 1.298 fragmentos de microplásticos, una cifra superior a la que se halló en la gran isla de basura del Pacífico (de actualmente dos veces el tamaño de Francia). El mar de los Sargazos es uno de los cinco giros oceánicos mundiales que acumulan más contaminación por plásticos debido a las corrientes circulantes. 

 

Un pequeño pez no identificado (1 cm) que se esconde a 80 pies por la noche en el Mar de los Sargazos. 

“Sin un tratado oceánico es imposible proteger áreas marinas especiales como el mar de los Sargazos que se encuentran principalmente en aguas internacionales”, manifestó Arlo Hemphill, de la campaña de océanos de Greenpeace USA. “Este tratado nos permitirá aislar lugares como éste al declararlos santuarios marinos totalmente protegidos, dándoles tiempo a recuperarse del impacto de la sobrepesca y el tráfico marítimo de forma que tengan más resiliencia a la presencia de plásticos“.

Minería en aguas profundas

Los océanos de todo el mundo se pueden enfrentar a daños severos e irreversibles a menos que se establezcan salvaguardas ambientales más estrictas para protegerlos de los riesgos de la minería en aguas profundas, advierte el informe In Deep Water (En aguas profundas), publicado recientemente por Greenpeace.

“Las profundidades marinas son el ecosistema más grande del planeta y el hogar de criaturas únicas que apenas comprendemos. Esta industria codiciosa podría destruir las maravillas de las profundidades del océano incluso antes de que tengamos la oportunidad de estudiarlas” declaró Louisa Casson, de la campaña de Protección de los Océanos de Greenpeace. Hasta la fecha, la comunidad científica sólo ha explorado o muestreado alrededor del 0,0001% del lecho marino profundo.

 

Salpa en las Azores

El estudio de Greenpeace aborda las consecuencias de la minería de fondos marinos, una industria emergente que inevitablemente dañará los ecosistemas vulnerables de las profundidades marinas. Actualmente, se está autorizando la exploración minera en enormes franjas del fondo marino, muchas de las cuales son zonas con un alto índice de biodiversidad. En este sentido, la ONG propone una moratoria provisional sobre la minería de los fondos marinos para garantizar que las opciones se mantengan abiertas mientras se construye una red de santuarios marinos a partir de un Tratado Global de los Océanos en Naciones Unidas. 

El informe de Greenpeace cita a científicos, gobiernos, ecologistas y representantes de la industria pesquera que alertan de las amenazas inevitables a la vida marina en amplias áreas de los océanos de todo el mundo debido a la maquinaria minera y a la contaminación tóxica asociada si los gobiernos permiten la minería en aguas profundas. Según el informe, aunque la minería comercial en alta mar aún no ha comenzado, ya se han otorgado 29 licencias de exploración a países como China, Corea, Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia, que han reclamado vastas áreas del océano Pacífico, Atlántico e Índico, cubriendo un área de alrededor de un millón de kilómetros cuadrados, casi dos veces la superficie de España. La filial del gigante estadounidense de armas Lockheed Martin cuenta con dos licencias de exploración expedidas por Reino Unido.

El informe también destaca la debilidad de la actual fragmentación en la gobernanza de los océanos, con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), el organismo de la ONU responsable de regular la industria minera de aguas profundas, priorizando los intereses corporativos por encima de una protección marina firme. “La ISA no es apta para el propósito de proteger nuestros océanos. Está más preocupada por promover los intereses de la industria minera de aguas profundas y hacer lobby para no lograr un firme Tratado Global de los Océanos”, ha señalado Casson..

Al mismo tiempo que la publicación del informe, el barco ‘Esperanza’ de Greenpeace realiza una nueva investigación en la Ciudad Perdida, en mitad del Atlántico, una formación espectacular de chimeneas hidrotermales activas que se elevan sobre el fondo marino y pueden contener pistas sobre el origen y la evolución de la vida. A pesar de que esta zona ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la Ciudad Perdida se encuentra bajo amenaza después de haber sido incluida en un área de la Cordillera del Atlántico Medio por un contrato de exploración minera en alta mar, otorgado por la ISA al Gobierno polaco en febrero de 2018.

Tráfico marino

Las emisiones procedentes de los buques es otro de los temas que requiere una solución a escala mundial, pues está previsto un fuerte aumento de las emisiones procedentes del transporte marítimo. Las emisiones de CO2 y las de gases distintos del CO2, como los óxidos de nitrógeno, los óxidos de azufre, el metano, las partículas o el hollín que produce el transporte marítimo, tienen repercusiones sobre el clima mundial y la calidad del aire. Según fuentes de la UE, algunos de los efectos directos de los vertidos de hidrocarburos sobre los organismos marinos y los sistemas y procesos biológicos podrían ser las alteraciones del comportamiento y la muerte de las especies marinas, la floración microbiana, la hipoxia (disminución de las concentraciones de oxígeno en el agua), los efectos tóxicos de las sustancias químicas utilizadas para disolver el petróleo y la muerte de los corales de aguas profundas.

 Se prevé que el tráfico marítimo seguirá aumentando como consecuencia del incremento de las necesidades de transporte de pasajeros, turistas y mercancías, incluida la energía. Se están construyendo infraestructuras e instalaciones de turismo y ocio en costas ya densamente pobladas y edificadas (en diversas regiones costeras de Italia, Francia y España, el nivel de zonas edificadas en el primer kilómetro de franja costera supera ya el 45 %).

Sobrepesca

Las flotas pesqueras modernas llegan ya a las zonas más remotas y cada vez a aguas más profundas. Millones de toneladas de peces quedan atrapados en redes y otras artes de pesca cada año y, con ellos, decenas de miles de tortugas, tiburones y delfines.

Para Greenpeace, el sistema actual de productos pesqueros se encuentra acorralado. Por un lado, las poblaciones de peces ya están sometidas a una fuerte presión (a nivel mundial el 93% de las poblaciones están totalmente explotadas o sobreexplotadas) y, por otro, se siguen aumentando las capturas. Además, al mercado actual de productos pesqueros no parece importarle que el sector sea vulnerable a las prácticas ilegales, no declaradas y no reglamentadas (INDNR). La pesca INDNR está reconocida como un delito medioambiental que tiene serias implicaciones sociales, económicas, laborales y medioambientales. El mercado global comercializa productos pesqueros en grandes volúmenes y la práctica de blanqueo de pescado está muy generalizada; mediante esta práctica los peces INDNR se mezclan con capturas legales, lo que proporciona los incentivos necesarios para perpetuar, e incluso para que prolifere, la pesca INDNR a nivel mundial.

Según la investigación de Greenpeace, la falta de cumplimiento es generalizada en el etiquetado. La investigación en Italia destacó que solo el 21,4% del etiquetado es correcto, mientras que en el 78,6% de los casos restantes se descubrieron irregularidades, especialmente en relación a las artes de pesca empleadas y a las especificaciones sobre el área de captura. La situación en Grecia y España es similar, según la investigación de Greenpeace sobre el terreno, hay falta de transparencia, el etiquetado es incorrecto y la información que facilitan, tanto minoristas como mayoristas, es imprecisa. Además, los nuevos y deficientes esquemas de certificación que se venden como sostenibles no son de fiar. Recientemente, denuncia Greenpeace, se ha tenido constancia de un caso de etiquetado “verde” en Italia donde, en la actualidad, el MSC (Marine Stewardship Council) certifica almejas capturadas con dragas hidráulicas en el Mar Adriático del Norte, una de las artes de pesca más destructivas.

La eutrofización

La eutrofización es la contaminación del agua (dulce o marina) por exceso de nutrientes, generalmente compuestos de nitrógeno, fósforo, silicio y carbono, que procede de diversas fuentes, la escorrentía agrícola, la ganadería intensiva o los vertidos de aguas residuales e industriales. El exceso de nutrientes produce grandes floraciones de algas, cuya descomposición, una vez que mueren, consume oxígeno al tiempo que crea «zonas muertas», hipóxicas o sin oxígeno, donde los peces y el resto de vida marina no pueden sobrevivir. En la actualidad, se calcula que existen quinientas zonas muertas en el mundo, y muchas zonas más sufren los efectos adversos de la alta contaminación por nutrientes. La eutrofización afecta a la calidad de las aguas ya que al aumentar la podredumbre y agotarse el oxígeno, las aguas adquieren un olor nauseabundo y un color verde turbio. Un ejemplo muy claro lo tenemos al lado, en el Mar Menor en Murcia. 

En los océanos está la solución. 

A pesar de lo mal que los tratamos, los océanos podrían ser nuestros salvadores si consideramos que casi el 90 % de la energía eólica mundial se encuentra en las turbulencias que se producen por encima de los océanos de todo el mundo y que los vientos, las olas y las corrientes, contienen juntos trescientas veces más energía que la que consumen los seres humanos actualmente. Según un informe de 2010 de la Asociación Europea de Energía Oceánica, la energía oceánica instalada (energía undimotriz, energía mareomotriz, energía térmica marina) podría alcanzar 3,6 GW para 2030 y llegar hasta casi 188 GW para mediados de siglo. En 2050 una industria europea de energía oceánica líder en el mundo podría evitar la emisión de 136,3 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera al año y crear 470.000 empleos ecológicos nuevos, siempre que se respete el medio ambiente y los ecosistemas existentes.

El mar nos alimenta y, quizás, estemos mordiéndole la mano a quien nos da de comer. Según el informe europeo, se espera que la población mundial alcance los 9.000 millones para 2050, y la demanda de alimentos podría aumentar en un 60 %. El potencial socioeconómico de los océanos se mantendrá únicamente si los ecosistemas marinos se conservan en términos de protección del hábitat y mitigación de las consecuencias del cambio climático, en particular en lo que respecta a la acidificación y el calentamiento del agua.


Nos queda la última oportunidad en el 2020. Será difícil si no ponemos todos de nuestra parte. Como decía el miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y Premio Nobel de la Paz en 2007  Edward Rubin a Samarucdigital, “la acción individual más importante ante el cambio climático es elegir a los políticos que necesitamos para hacer frente a la situación”. Las evidencias científicas de la situación de urgencia están más que verificadas y las sufrimos todos los días. Dorian a sido la estrella de la semana, protagonista indiscutible de minutos de televisión y páginas en los diarios. Pocos se han hecho eco de la tercera reunión intergubernamental del Tratado Global de los Océanos y mucho menos de sus consecuencias. Únicamente fue noticiable el día que Bardén dio la conferencia en la ONU y la llamada del Papa Francisco a la oración para conservar los océanos. Y mucho tendremos que rezar para que nuestros políticos cambien de chip y dejen el postureo.


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