El extraño cambio de ruta de las ballenas

Los rorcuales que frecuentan el litoral valenciano están cambiando de costumbres. Entre mayo y septiembre era habitual observar las grandes ballenas cerca del Cabo de San Antonio o las Islas Columbretes mientras se dirigían al norte. Ahora continúan frecuentando las mismas rutas, especialmente cerca de Denia, pero han cambiado de dirección y cada vez se ven más cerca de la costa. El motivo del cambio no está claro.

Su presencia es habitual en el Mediterráneo y en todos los océanos del planeta. El rorcual común es el segundo animal más grande del mundo, después de la ballena azul. Cada año entre mayo y septiembre es relativamente común observarlo en torno a las Islas Columbretes, a unas dos horas de la costa de Castellón, la Sierra Gelada en Benidorm, la Isla de Tabarca y últimamente de manera más abundante cerca de la Reserva del Cabo de San Antonio, en Dénia. Pero también se han observado ejemplares delante del puerto de Valencia. La dirección de sus desplazamientos ha variado de manera inexplicable en los últimos años, y cada vez se pueden ver más cerca de la costa. El biólogo José Antonio Esteban, responsable de investigación de Xaloc, califica su comportamiento "como un poco extraño". El investigador, que lleva muchos años estudiando los cetáceos, recuerda que "hasta hace poco iban a alimentarse al norte, al mar de Liguria (entre el sur de Francia y el norte de Italia), que es una zona de alta productividad en verano, donde las ballenas se alimentan y comen para todo el año". Pero ahora este hábito ha cambiado; "Estamos viendo que, posiblemente con el cambio climático, su principal presa -el krill del norte del que se alimentan fundamentalmente- no es tan abundante y por eso parece que se está dispersando. No hay tantos en el mar de Liguria y no sabemos exactamente donde están ", explica José Antonio Esteban que añade que" lo que sí sabemos es que se ven todos los años y que la punta del Cabo de Dénia es un punto de alta concentración de productividad primaria y es posible que sea una zona de alimentación, aunque todavía no lo sabemos".

730 cetáceos en el litoral valenciano

Juan Eymar, técnico de fauna marina de la Conselleria de Medio Ambiente, recalca que "hay que investigar más", con observaciones desde costa y desde el mar, aprovechando la valiosa información que aportan los avistamientos efectuados por pescadores o desde las embarcaciones de recreo. La observación ayudará a determinar qué está haciendo cambiar las costumbres de los grandes cetáceos. La Generalitat, la Universidad de Valencia y el Ayuntamiento de Dénia colaboran en una campaña para determinar cuáles son las especies más abundantes de mamíferos marinos y las rutas que siguen. En 2016 se identificaron 730 cetáceos frente al litoral valenciano. La mayor parte de ellos eran delfines mulares (630), seguidos de 72 delfines listados y 35 rorcuales. Los avistamientos más abundantes se produjeron cerca del Cabo de San Antonio.

Rorcual Común observado en Dénia. Fotos: Nicolás de la Iglesia

Dénia, capital de las ballenas

Dénia es un punto de referencia para la observación de cetáceos en el Mediterráneo occidental. Samarucdigital ha subido a bordo de la embarcación que vigila la Reserva Marina de San Antonio y que colabora además en la campaña de observación de los grandes habitantes del mar. El patrón de la embarcación Toni Martínez, Coordinador ambiental marino del Ayuntamiento de Dénia, recuerda que lleva 9 años participando en el estudio que ha permitido identificar una gran variedad de cetáceos, y cada año la cifra aumenta. Al poco de salir del puerto de la capital de la Marina Alta, a menos de una milla náutica de distancia, encontramos un nutrido grupo de delfines que acompañan la embarcación con sus saltos y carreras. Se trata de un grupo de 9 ejemplares de delfín mular según confirman los cuatro investigadores del Instituto Cavanilles de Biodiversidad, de la Universidad de Valencia, que toman nota de todo lo que ven en el mar sean cetáceos, aves o plásticos. Cualquier incidencia se registrada siguiendo una metodología científica como explica la bióloga Patricia Gozalbes; "Lo que hacemos es seguir unas líneas que recorren la zona de estudio que llamamos transectos. Cada mes los cambiamos para poder estudiar toda la zona de forma homogénea y hacer una estimación de abundancia". En total el trayecto que estamos haciendo ocupa unos 100 kilómetros cuadrados con zonas donde la profundidad alcanza los 200 metros.

A lo largo de la travesía encontramos varios ejemplares de pez Luna (Mola mola) que flotan en la superficie del mar, posiblemente a la espera de que alguna ave marina se alimente con los parásitos que les invaden. Es el pez que tiene la estructura ósea más grande del mundo con un peso que puede superar los 1000 quilos. Un curioso animal de aspecto inquietante con todo el cuerpo ocupado por lo que parece una enigmática "cara".

En el viaje nos acompañan también algunas pardelas cenicientas (Calonectris diomedea), un ave marina gravemente amenazada, que ve su alimentación reducida por la prohibición del lanzamiento al mar de los descartes de la pesca, decretada por la Unión Europea. Un recurso alimentario aprovechando para muchas aves marinas que ahora pueden estar en peligro según varios estudios. Los técnicos también identifican con su plumaje oscuro algún paíño (Hydrobates pelagicus), una de las más pequeñas aves marinas que pasa la mayor parte del tiempo buscando alimento en el mar y sólo regresa de noche a su nido, que habitualmente hace en simas y cuevas como las que alberga la Isla de Benidorm, donde vive una de las mayores poblaciones de la especie en el Mediterráneo occidental.

Los trabajos de los técnicos continuarán para obtener más información sobre los gigantes del mar. Sus observaciones ayudarán a determinar por qué las ballenas han cambiado el rumbo de sus viajes al Mediterráneo y donde se dirigen ahora. Una incógnita que, de momento, no tiene una respuesta clara.

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